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¿Fue él?
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Un libro que explora las emociones humanas que nublan la conciencia, los celos, la necesidad de atención y afecto llevados a niveles peligrosos, todo a través de la figura de Ponto, un perro que resulta ser el victimario de la historia. Una historia trazada con audacia y él fulgor resplandeciente de Stefan Zweig.
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Un libro que explora las emociones humanas que nublan la conciencia, los celos, la necesidad de atención y afecto llevados a niveles peligrosos, todo a través de la figura de Ponto, un perro que resulta ser el victimario de la historia. Una historia trazada con audacia y él fulgor resplandeciente de Stefan Zweig.
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Yo, Díaz
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He sentido en mi vida esta clase de miedo, te nubla la visión y te paraliza.
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He sentido en mi vida esta clase de miedo, te nubla la visión y te paraliza.
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Yo, Díaz
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Capítulo VI ... Esa noche me escabullí en la oscuridad. Entonces no había alumbrado público y cada vez que moría el sol éramos consumidos por el abismo. Las pinceladas de la luna menguante delineaban el borde de las nubes. Llevaba una cuerda al hombro y esperaba que el coraje fuera motivación suficiente para lograr mi hazaña. ... Pronto emergió ante mí una masa deforme que yo conocía como Templo de Santo Domingo, y a su lado el convento. estaba por escalar uno de los muros cuando sentí algo pesado sobre mi hombro. —¿Quién anda ahí? —pregunté al desconocido. En los segundos de silencio, tuve miedo. —Ay, Porfirio, ¿A poco querías subir tú solo? Sonreí, no pude evitarlo. —¡Felipe! —Pos qué otro iba a hacer —exclamó—. y a ver si ya te entra en esa cabezota que me llamo Félix, no Felipe. ... ♥️ Leer pasajes en donde la hermandad se hace presente y en especialmente en mi época favorita de la historia de México, es espectacular. Me encanta este capítulo.
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Capítulo VI ... Esa noche me escabullí en la oscuridad. Entonces no había alumbrado público y cada vez que moría el sol éramos consumidos por el abismo. Las pinceladas de la luna menguante delineaban el borde de las nubes. Llevaba una cuerda al hombro y esperaba que el coraje fuera motivación suficiente para lograr mi hazaña. ... Pronto emergió ante mí una masa deforme que yo conocía como Templo de Santo Domingo, y a su lado el convento. estaba por escalar uno de los muros cuando sentí algo pesado sobre mi hombro. —¿Quién anda ahí? —pregunté al desconocido. En los segundos de silencio, tuve miedo. —Ay, Porfirio, ¿A poco querías subir tú solo? Sonreí, no pude evitarlo. —¡Felipe! —Pos qué otro iba a hacer —exclamó—. y a ver si ya te entra en esa cabezota que me llamo Félix, no Felipe. ... ♥️ Leer pasajes en donde la hermandad se hace presente y en especialmente en mi época favorita de la historia de México, es espectacular. Me encanta este capítulo.
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